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Y llegamos al último día de recorrido, éste ya lo pasamos recorriendo la ciudad (CHIHUAHUA), el centro estaba lleno de diversas esculturas de una exposición llamada “Timoteo”; pasamos (no alcanzamos a entrar, itinerario) por Museo Casa de Juárez, pasamos por las oficinas del “Chepe”; fuimos al Museo Casa de Villa, el cual es manejado por las fuerzas armadas (ejército); y justo enfrente se encuentra una tienda con dulces y artesanías típicas, aunque si fuera ustedes no compraría ahí, buscaría otras opciones a menos que ya no tuviera tiempo (me parece muy caro), pero de que hay cosas bonitas y ricas, las hay, solo que creo que hay otros lugares. Posteriormente fuimos a la Quinta Gameros, extremadamente llamativa y opulenta, no pude evitar pensar en María Antonieta de Austria, un mobiliario tan fino y con unos acabados impresionantes, hasta el baño era bello, las cúpulas, y sobretodo algo que me llamó la atención: los vitrales son de la casa Tiffany & Co. (si, la famosa y bien reputada joyería), para que se den una idea de lo invertido en esa casa. También tenían algunas exposiciones en unas salas.

Otra curiosidad de la ciudad es la historia de la Casa de pascualita, una tienda de vestidos de novia de nombre “La Popular”; a grandes rasgos: la hija de la dueña fue picada por un alacrán que se escondía en su vestido de novia el día de su boda, la desconsolada mujer decidió embalsamarla y es así como llega al aparador, vistiendo los modelos de la tienda. En cuanto a comer, ahí si no hay muchas opciones típicas, o al menos no a las horas que estuvimos, pero lo que encontramos fueron unos burritos y montados (especie de megataco) en un lugar llamado “Adelita”, muy ricos, de buen tamaño y sabor. Totalmente recomendable, porque lo que hay es mucha franquicia, y ese lugar es de lo más local que había. Y finalmente llegó la parte triste pero inevitable: el regreso. Un viaje que me dejo muchas vivencias y la oportunidad de conocer muchos sitios nuevos.

Algo largo, pero llegamos al final, espero que lo hayan disfrutado y que muchos tengan la oportunidad de poder hacer un recorrido así, fue maravilloso.

Saludos!!!!!!!!! 🙂

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Siguiente parada: CREEL (CHIHUAHUA)

Tomamos el tren pasadas las 8:00 am rumbo a Divisadero en Barrancas del cobre, pero ¿qué creen? A medio camino que me voy al bar… y ahí si me pasé un poquito, mezclar fue mi error, y que de Divisadero me mandan a Creel a un hospital a internarme, upss. En verdad que ni sentí nada hasta que andaba perdiendo el conocimiento. Me dio un poco de tristeza no haber podido disfrutar ese tramo, pero luego supe que muy apenas duran dos horas a lo mucho en Divisadero por el mal clima, y ya me sentí mejor (que mama me oí, lo séL). Mentiría si les dijera que se cuánto tiempo estuve internada, no lo sé, pero revisando los tiempos, fueron de dos a 4 horas, me administraron medicamento vía intravenosa, me sentí mejor y ya nos dirigimos al hotel en Creel donde nos íbamos a hospedar, muy acogedor por cierto, contaba con calefacción, muy adecuado porque fue el lugar más frío que visitamos, estaba a 3°C (aunque me congelara, hubiera preferido estar en algún sitio donde estuviéramos a temperaturas bajo cero, pero bueno), pero con la lluvia se sentía más frío, ahí si me dio frío.

A la mañana del día siguiente salimos rumbo a la “Cascada de Cusárare”, que forma parte de la Sierra Tarahumara, en un transporte especial. Un dato curioso es que a partir de que se entra en el sendero que lleva  a la cascada, siendo un poco accidentado, hay que ir despacio, pero sucede algo muy interesante: se puede comenzar a ver a un grupo de niños tarahumaras llamados rarámuris (“pies ligeros” en su idioma) que siguen los vehículos corriendo descalzos, se acostumbra que, una vez se llega a nuestro destino, quien pueda, les obsequie algo de comer, alguna golosina (una persona que iba en el mismo transporte que yo, les llevó dulces y cobertores, así que supongo que toda ayuda/donación es buena para ellos), no tienen por qué asustarse. De ahí es caminar un tramo para llegar a la cascada, eso sí, si tienen algún problema de salud que se puedan hiperventilar (cansar, bofear), o de articulaciones (rodillas sobretodo), sobrepeso u obesidad, probablemente sientan pesada la caminata, si deciden ir, bajo su riesgo. Eso sí, una vez llegando, verán que la caminata valió la pena, el lugar es preciosoJ.

Después nos dirigimos rumbo al lago “Arareco” o “Arareko”-las dos formas se aceptan-, no es tan impresionante, pero está bien, hubiera estado mejor encontrarlo congelado, pero desafortunadamente, no nos tocó, y en el camino, ya una vez saliendo, nos encontramos con la famosa Piedra del Elefante, ya no llegamos a la otra, que es la piedra de la fertilidad, pero les dejaré una imagen de archivo para que vean porque se llama así (nota curiosa: la población en donde se encuentra se llama “pito real”, no es broma, para quienes no lo entiendan, “pito” es otra forma de llamar al “pene” en México, no sé si habrán escuchado eso). También conocimos una típica cabaña donde anteriormente vivían los tarahumaras. Ahí vendían champurrado y buñuelos. Terminamos el recorrido en Creel con un pequeño, pequeñísimo paseo por el centro, y no por falta de tiempo, sino porque en realidad es super pequeño, en ese aspecto lo que es el centro verdaderamente me dejó DECEPCIONADA, en ningún viaje anterior me había pasado eso, la única gracia que tiene es que es una parada de “El Chepe”, nadamás. Pero bueno, así pasa a veces, tal vez ya me tocaba que un lugar no me gustara, lo que podrían querer, es probar una bebida típica llamada “tesgüino” (Bebida refrescante a base de maíz fermentado), y no es para todos los gustos, a mí no me gustó tampoco.

Ya en la tarde-noche, finalmente llegamos a la zona menonita de Chihuahua (Cuauhtémoc, si mal no recuerdo), fuimos al Museo menonita, donde nos dieron un recorrido muy completo e instructivo sobre cómo llegaron los primeros menonitas al continente, y posteriormente a México, su estilo de vida, costumbres y tradiciones, educación -aprendiendo un 5° idioma a sus 13 años imagínense: hablan inglés, alemán, bajo alemán, un dialecto que se llama yiddish (según lo que nos comentaron, otra información anota que el nombre del dialecto es plautdietsch, si alguien tiene más información y quiere aportarlo, adelante J), y finalmente a los 13 años les empiezan a enseñar el idioma español-, en fin, es todo un mundo diferente. Y sus productos son definitivamente DELICIOSOS, incluso en los supermercados no hay productos de marcas conocidas comercialmente, en ellos se vende: Queso, mermeladas, conservas, dulces, jugos… todo es producto de campos menonitas, y créanme cuando digo que sí saben diferente (más ricos).

Después fuimos a la Casa de la Galleta, de la familia Kroeker, también las galletas y el pan riquísimo (‘mencione que me encanta pasármela comiendo en los viajes? ;p ) entre todas las cosas que íbamos comprando ya casi no entrabamos los pasajeros en el camión, jajaja. Proseguimos el paseo, y fuimos a la casa de un personaje bastante conocido en la zona (me siento mla de no recordar el nombre, creo que le decían don Pepe, pero no estoy segura, la verdad) que nos dio una clase más de cultura sobre el pueblo menonita, les dejo la imagen para los que vayan o los que ya han ido si lo reconocen J. Finalmente nos dirigimos a la capital de Chihuahua, no sin antes hacer una parada para cenar en una franquicia de pizzerías menonita llamada “La Sierra”, como no podía ser de otra forma, estaban riquísimas, tal vez era un poco delgada pero se supone que así deben ser las pizzas según pero el sabor… que les digo, y ya una vez con el estómago lleno, nos dispusimos a descansar hasta el día siguiente, que sería el último del recorrido, antes de regresar a nuestros hogares.